Amanece...
...Poco
a poco la aurora se dispone
a
irradiar misericordia.
Las
estrellas se esconden una a una,
el
rocío escarcha
y
yo sigo dormido.
Pleno
de ternura,
el
sol sube su pestaña
como
telón azul.
Las
aves gritan alegres,
los
ríos fluyen cadentes
y
yo sigo dormido.
Aún
desconozco
las
contradicciones y los aciertos
que
me roban la humildad,
los
miedos que me quiebran el silencio.
Solo,
en
una calle sola,
con
una sola almohada,
percibo
el sol.
Mas
no sé dónde está ella, Dios mío,
con
su cabello a la cintura
y
sus pechos húmedos de luz.