Anabelle
¡
Qué torpe ridículo hacen con tu nombre !
Abusan
de tu naturaleza
para
justificar el machismo
de
anaconda y cascabel.
Ana,
es
un nombre intuitivo y singular;
si
soy padre de una niña,
la
llamaré: Anita, Ana Fe.
Es
curioso como el miedo confunde
la
hipersensibilidad de la cascabel,
y
la majestuosidad de la anaconda.
Hay
variedad de sentencias,
una
favorita
la
escuché de labios de mi madre:
"
Para subir a la cima se debe ser
Águila
o serpiente."
Y
no me es surrealista
el
maltrato pasado de tus alas,
pues
te negó la magia china
de
ser un bellísimo dragón alado;
el
que no se arrastra
si
no llora oro
con
su vientre desangrado en violetas.
¡
Soy !, sólo eso.
Mas
atrapo tu perfume
al
restaurar las alas
de
mi pantera azul.
He
probado las uvas ácidas
de
esta ilusión material,
frente
al espejo.
¡ Ja !, exclaman
todos.
Y
me importa un rábano
la
impotencia de la razón,
cuando
el sol gobierna mi verdad,
y
lo considero.
Veo
el fin de este desierto de ternura,
con
ríos venenosos y animales hedonistas.
Los
astros se derriten
para
saciar con rigor este ayuno,
para
cruzar la puerta de la vida,
con
la gloria del sentido...
¡
Reales como el ego falso
y
la duda de amar !