Incienso

 

¡ Huele a incienso !...

 

Desnudo a una virgen

de tres decenios angustiados.

Esparzo las simientes de mi llanto

sobre su estrella negra.

 

Las velas se alegran,

los claveles florecen,     

los montes emergen húmedos

más allá de dos senos maltratados.

 

Como brisa marina te susurro,

con un fuego desconocido nos besamos:

nuestro amor es un cuerpo 

que se une y se desune,

calor de vida se dilata

tenue, profundo, agradecido.

 

La ternura de tus ojos se ha inflamado,

el recinto se anega y rememoro

en el humo de mi suicidio cotidiano

a la mujer que me ama, 

más que a su vida,

a la mujer a quien amo,

con asombro de niño.

 

¡ Huele  a incienso !

¡ Incienso de rosas !