Adolescencia

 

Crecí con centellas,

dueño de un mundo de soldados de plomo

y furgones miniatura.

Viajé por planetas de barro

para alcanzar el sol al acostarse.

 

La Muerte estremeció mi comprensión

al mutilarme con un rayo.                                          

Corrí sin el ritmo del tiempo:

la angustia fue un sudor de medianoche;

los años volaron

esculpiendo el templo de mis sensaciones. 

 

Quince campanadas

anunciaron la nieve en el desierto;

mis ojos sangraban impotentes de miedo.

Los pulpos de mi océano

devoraron mis barcos de papel.

 

Lloraron los ángeles,

mi universo de algas,

las dulces campanadas del estigma.

Las luces se apagaron,

el opio fue sonrisa

y la danza de los gnomos gigantes

aplastó aquella soledad creciente.

 

Los años fluyeron sin miel entre los labios,

hasta morder el suspiro

 de los mitos quebrados.