Lagunilla
La
niebla es espesa,
camino
con una serpiente de lana
y
un poncho andino.
Camino
sobre barro y estiércol,
al
fresal de mi tía,
a
un lago mínimo que carece de río.
Un
ángel curtido y de bigote
se
cruza en mi descenso:
¿
Está lejos la laguna ?
No
mucho, a unos quince, cuesta abajo.
Baje
mañana, es mejor, ya cae la noche.
Saludo
a las madres blanquinegras,
vuelven
a verme con asombro,
salgo
del camino
y
me adelanto en el potrero.
Un
árbol bien plantado me atrae a sus raíces,
me
acomodo sobre el poncho
y
me dispongo a escuchar...
...Si
creyera lo que percibo,
me
sentiría en el limbo:
"Rodeado
de monjas orando
como
vacas fieles que cubren mi necesidad" .
"Rodeado
de muñones renacidos,
entre
el mar del cielo
y
los ríos ocultos bajo la hierba...
...me
olvidaría de este cuerpo
y
del infierno de metal."
Son
casi las seis,
el
libro de las horas no funciona,
bajo
este rocío exagerado y generoso.
La
niebla se apenumbra,
no
conozco el agua azufrada,
ni
el fresal de esta locura.
En
este paraíso semirreal,
la
"Lagunilla" no es un lago pequeño,
ni
un pozo encantado:
es
apenas una criatura...
...¡
es un naciente del volcán !