Incongruencias

en la boca de un volcán

 

En mi aldea,

una manada de ciegos

sigue a un gran ciego con cencerro.

Las fresas crecen mudas

indiferentes al antojo y a la necesidad.

Cierto algodón parduzco

se rasga en las alturas,

centenas de estrellas me invitan a nadar

en la granola del hiperespacio.

Un par de luces juguetonas

se cruzan bajo las aguas celestes,

una cobija grisácea

me roba el cuarto creciente.

 

En este ruedo de musgos y cenizas

la ciudad es un escándalo de la mitología.

¿ Qué dirá el volcán

incrustado en el silencio de sus gases ?

Quiero dulcificar la soledad y la tristeza

que oprimen este árbol de fuego.

 

Desconozco la profundidad de su sangre dorada,

ignoro la esperanza y el gozo

de semejantes olas de miel.

 

Encarnado en el sigilo de una pantera azul,

con ojos de misericordia y alas cristalinas:

un volcán deambula hacia su muerte,

más allá del límite y la duda.

Su furia llora gloria...  

" Juez de la Hermosura"!