Desde
el balcón...
De
una casa que no es mía,
me
siento a sudar con la pluma
el
sentido de ésta, ...mi existencia.
Sentado
en la mecedora,
de
quien fue mi madre,
con
los pies en la baranda,
observo
las palmeras de mercurio,
al
parque con su río verde
y
a las nubes apoyándose
sobre
un inmenso sauce.
Los
cables van y vienen,
los
ríos de asfalto se congelan
y
uno que otro ser
flota
indiferente.
La
luna se asoma con verguenza,
los
grillos compiten con mi estéreo,
nada
se mueve en esta isla de mediocridad.
La
noche está inconsciente,
la
armonía es histórica
y
aquí me encuentro...
midiendo
esta quietud circunstancial.
Solo,
renaciendo
en el desierto,
no
acepto tal paz,
cuando
abortar es una necesidad
y
doblegar conciencias es común.
Me
siento de cara al absurdo de mis tiempos,
con
el orgullo en un plato
y la dignidad desmembrándole.
Solo,
pero
con tu amor,
irrespeto
la mudez de esta ignorancia.
¿
Quién ama de veras
para
morir por quién ama ?
¿
Qué es real en la ilusión de los sentidos ?
¿
Quién me ofrece una cena de afecto,
y
no se cena el mío ?
Animal
de ternura soy,
lloro
caricias no encontradas,
le
canto a la esperanza con su himno.
Soy
consciente de una vida más profunda,
apenas
masticable y tangible.
...¡
Enséñame a amarte, Soledad,
a
besar tus pechos de aire
y
a abrazarte entre sollozos !