Sin
rostro
En
esta noche ingrata,
te
extraño, mujer.
...
Para amarte
entre
mi canto y mi ayuno,
entre
el día y la noche,
para
sufrirte...
tierno,
fuerte y completo
en
la angostura de mi soledad.
Extraño
un rostro y su textura
para
desdibujarla en mis acciones
y
forjarla en cada amanecer.
Un
ser que se goce
de
mi gracia y mi fealdad.
Una
reina infatigable:
suave
edredón de mi ternura,
cofre
de mis triunfos y fracasos,
alguien
por quien siempre morir.
Extraño
a una persona
para
resucitar la paz
en
un guerrero que la sufre,
en
el vacío de su rostro,
en
su cadencia,
en
la cascada muda de sus vellos,
en
una presencia serena de cara al dolor,
gracia
y pasión que se confunden.
¡
Soy el blanco, la flecha y el arquero
en
el descenso de mentiras...
a una nueva realidad !