Amor...

 

Me trajiste al escenario

cargado de dones, alegría y bendición.

Me trajiste

para apaciguar con cariño al derrotado,

al enfermo, al roto...

al lleno de temor.

Recién salido de mi cuna de metal,

mutilaste el tesoro de mi padre.

Mis cajas de juguetes quedaron con él

en el salón de la nostalgia.

Incrustado en una herida de amor,

uní mis manos,

las coloqué entre las tuyas,

iniciando el camino para besar Tú luz.

Quebraste mi volcán interno,

me diste el poder de Tu amor,

para levantarme

sobre los cristales de la imagen,

sobre las cenizas del reconocimiento,

sobre el polvo de mis mitos

y multiplicaste mi coraje,

mi confianza en Ti.

Me puse un salveque ingrato

para domar las dunas del engaño,

me enfermaste, me frustraste

para reconfirmar mi pequeña misión.

Me diste tres ángeles preciosos

para reconocer la lógica de mi viudez...

 

Me llevaste a los zargazos del absurdo

para no dudar de Tu justicia jamás.

Me pusiste la pluma en la mano

y la cargaste con Tu sed de amar.

La disciplina ha sido fuerte,

fuerte la fibra, fuerte el nervio,

fuerte y sencillo el espíritu de la alegría,

de esta devoción.

Me diste el dolor y la derrota

de tres vidas juntas,

para fructificarlas en un eterno hoy.

y no me cansé de caminar y caer,

de curarme y correr,

no malgasté ni Tu ternura, ni Tu valor,

para mostrar el verbo justo,

el Amor ilógico,

la fortaleza de Tu gracia.

Camino al filo de la navaja,

la esperanza latiendo

con la victoria certera,

la dignidad de un ser desconocido,

que recibe un regalo mil veces anhelado

y mil veces pagado...

Hoy lloré descosido por Tu misericordia:

ella me siente y me conoce

vibrante en la profundidad de su ser...

 

Tú lo sabías muy bien

antes de pronunciar mi nombre;

gracias al testimonio de Tu Espíritu

vine de nuevo por la justicia de Tu paz

a sus labios y a su sed:

 

¡ Guárdanos en Tu plenitud !